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Revista de Libros
No. 3 Abril 2005

Del Director
Moises Melo

Los derechos de los autores y de los lectores

Por estos días se armó otro pequeño escándalo alrededor del tema de los derechos de autor, esta vez alrededor de la posibilidad de que se restrinja y se obligue a pagar- el uso de los libros en las bibliotecas públicas. El tema nos cayó de rebote de Europa, donde se está extendiendo esta modalidad con el auspicio de la Unión Europea. Además de mostrar que los lectores leen hasta los textos legales, nos llama la atención sobre una tendencia cada vez más restrictiva en el campo de los derechos de autor. Esperemos que autores y editores mantengan la sensatez y conserven a nuestros países alejados de este disparate, como lo calificó Carmen Balcells. Es del interés del conjunto de la sociedad que las bibliotecas pongan la mayor cantidad de libros al alcance de quienes no pueden comprarlos y no parece necesario acumular argumentos en defensa de las bibliotecas ni para reclamar al Estado que las dote y las sostenga. Y aunque no sea tan obvio esto es también del interés de autores y editores, así sea por la simple razón de que con ello se contribuye a formar lectores que puedan en un futuro llegar a ser compradores de libros. Por ahora y por fortuna ningún autor ni ninguna editorial en nuestro país ha exigido a una biblioteca pública un canon por el préstamo de sus libros. Esperamos que se mantenga así. Que se siga conservando el libro como el único producto cultural y de recreación a cuyo disfrute se puede acceder gratuitamente, pese al generalizado prejuicio de que los libros son caros.

Pero desde otros sectores también se oyen voces restrictivas. Con pretexto de las discusiones del TLC y para seguir el ejemplo de México, se propone ampliar el período protegido a cien años después de la muerte del autor. Es curioso. Nuestro país no ha logrado hacer una protección eficaz para los ochenta años actuales, pero incluso desde el gobierno se propone ampliar este término. Es algo que suena bien, pero ¿para qué sirve? Aunque muchos libros mantienen su vigencia cultural por largos años, muy pocos logran conservar una presencia rentable en el mercado. No suelen ser de interés para las editoriales comerciales y la restricción limita aún más las posibilidades de reimprimirlos. Algo que afecta sobre todo las ediciones críticas y académicas que son las que permiten a nuevas generaciones encontrarse con la literatura del pasado. Con una vigencia del derecho de treinta o cuarenta años después de la muerte, el autor, sus hijos e incluso sus nietos, obtienen el grueso de los beneficios que puede generar la comercialización de los libros. Al terminarse un período razonable de protección el texto pasa a dominio público y la sociedad en su conjunto puede seguir beneficiándose de este patrimonio intelectual y todas las editoriales, comerciales o institucionales, tienen libre acceso a publicarlo. Y no se condena los libros a una muerte temprana con muy pocas esperanzas de resurrección.

on éstos temas de mucho interés para tratar en las jornadas profesionales de la próxima Feria Internacional del Libro en Bogotá, ese gran evento que convoca alrededor del libro a todas las gentes del sector y a cientos de miles de lectores. Una fiesta de la que pie de página no quiere estar ausente. Esta vez la Feria plantea un homenaje explícito a la lectura, algo que nuestra revista hace siempre. Además en esta edición nos unimos a la Feria en el homenaje al Quijote, en la presentación de algunos de los escritores invitados, destacando algunos hitos de la programación cultural y sobretodo presentando una buena parte de las novedades que nos mostrarán en ella las editoriales. Y nos haremos presentes allí para encontrarnos con nuestros lectores y colaboradores y para tratar de que este grupo crezca y se consolide. Los esperamos en el pabellón 6, segundo piso, stand 439.


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